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Desde hace más de un año, la mascarilla forma parte de nuestra indumentaria habitual, tanto para vestirnos, como para relacionarnos con los demás. Incluso en los gimnasios o en la calle, la gente la usa para hacer deporte.

Este hábito saludable que hemos adquirido en este momento de pandemia, quizás puede conllevar algún tipo de consecuencia que nosotros mismos veremos y asistiremos en el futuro. 
La respiración normal y automática, es a través de la nariz. Cuando respiramos por la nariz, el aire inhalado se calienta, se humedece y se filtra a través de la mucosa y cornetes, evitando que gérmenes y partículas entren al organismo.

En la consulta dental sabemos que hay diferentes entidades que se relacionan, aunque de forma multifactorial, con la respiración bucal. Y quizás estamos empezando a detectar más afluencia de patologías relacionadas con el hecho de respirar por la boca.

Como usuario de mascarilla puedo decir, que quizás no hemos detectado aún de forma consciente, que cuando llevamos mascarilla y según el tipo de actividad, podemos estar empezando a respirar más por la boca que por la nariz. Además, este nuevo hábito, podemos acabar adquiriendo de forma alternada o permanente, y es necesario hacerlo consciente para alertar de sus posibles consecuencias.

La SALIVA forma parte del sistema de lubricación y protección de las mucosas orales y es una barrera de protección natural para la entrada para gérmenes al organismo. 

El hecho de respirar por la boca seca las mucosas y esto puede predisponer a la proliferación de bacterias y al desequilibrio de la flora bucal.

Este desequilibrio ya lo observábamos de forma habitual en pacientes asmáticos o con la obstrucción de las vías respiratorias superiores, que por la sensación de ahogo, eran más proclives a respirar por la boca y a desarrollar problemas de inflamación de las encías como sangrado, gingivitis y/o periodontitis. El uso de corticoides inhalados también es, en estos pacientes, un factor perpetuante de este cuadro. 

La falta o disminución de saliva (xerostomía), también se observa en gente mayor, como respuesta fisiológica al envejecimiento, o como efecto secundario de la polimedicación a la que están sometidos. Sobre todo, en mujeres mayores, además del síndrome de la boca ardiente, también existe el síndrome de Sjögren, que se caracteriza por sequedad ocular, salival y vaginal.

Por otro lado, también está toda la población que ha recibido quimioterapia, radioterapia y que puede haber tenido alguna afectación en la secreción salival, además de las enfermedades primarias relacionadas con patologías de las glándulas salivales. Añadimos también, cierta medicación para la epilepsia que puede afectar a las encías y causar agrandamientos gingivales. 

Falta mencionar ciertas drogas que pueden disminuir la secreción salival, e insistir en que el tabaco y el alcohol actúan en este sentido y como irritantes de las mucosas orales.

Después de todo este listado sobre población proclive a desarrollar sequedad de las mucosas orales, en la CLÍNICA DENTAL estamos observando casos de debut de patologías en pacientes, que de entrada nunca habían tenido esa problemática o predisposición. Seguramente, resulta aventurado hacer una relación casuística sin un estudio muestral y estadístico pertinente, pero valga al menos este escrito como artículo informativo o de opinión.

El uso de mascarilla puede contribuir a la respiración bucal y a la sequedad de encías, y nosotros mismos podemos empezar a notar:

 -dolor en las encías y durante el cepillado

 -mal aliento

 -sangrado gingival

 -gingivitis

 -periodontitis

 -labios secos, agrietados, boqueras…

 -retracción gingival

Por otro lado, debemos mencionar que la sequedad bucal con la disminución o ausencia de saliva, impide a la saliva realizar su efecto tampón del PH de la cavidad bucal, y por ello, se crea un ambiente ácido en la cavidad oral, que predispone al ataque de bacterias cariogénicas, con los azúcares e hidratos de carbono de la dieta. Es decir, aumenta la incidencia de caries, y también su aparición en sitios menos frecuentes, como son la caries interdental y radicular. Cabe añadir, que la falta de saliva dificulta la autoclisis, que es el limpiador natural y automático que realizamos con la lengua después de comer, y por lo tanto esto es otro factor predisponente para el desarrollo de caries.

Este ambiente ácido tampoco es bueno para pacientes apretadores o bruxistas, ya que el desgaste del esmalte, deja expuesta la dentina a la cavidad oral, y la erosión ácida de la dentina puede provocar las típicas lesiones “en bañera” que vemos en los dientes: agujeros en la superficie de los dientes donde penetra el ácido de la dieta, como podrían ser por la ingesta de frutas, zumos, café, té…Este tipo de lesiones pueden tener una progresión más rápida, y es importante detectarlas y tratarlas.

También podemos detectar aumento de la sensibilidad dental generalizada o localizada en alguna zona de la boca. 

TRATAMIENTO

En todos estos casos podemos recomendar el típico y famoso cepillado de dientes y encías 3 veces al día, peinando la encía hacia abajo para evitar el traumatismo y retracción gingival, y el uso de cepillos menos agresivos o quizás, con cerdas más blandas en caso de dolor al cepillado. Aún así, debemos cerciorarnos durante el cepillado, que el surco gingival (la zona entre encía y diente) queda limpio y libre de placa bacteriana o restos de comida.

En caso de inflamación, también podemos recomendar el colutorio de clorhexidina al 0’2% o 0’12% después del cepillado por un periodo no más extenso de 15 días, además de la rigurosa VISITA DE REVISIÓN AL DENTISTA. También podemos empezar a usar pastas de dientes desensibilizantes o “para dientes sensibles” ya que contienen un mayor aporte de minerales y de flúor que ayuda a la reparación del esmalte en las zonas dañadas, y convierte los cristales de hidroxiapatita en fluorapatita, haciendo que el esmalte sea más resistente a la erosión ácida y al ataque cariogénico.

Otra medida, es aplicar geles de flúor de alta concentración (como se ha hecho ya a veces en colegios a través de las acciones políticas preventivas para la caries a nivel poblacional) que también se aplican en la clínica dental, y que dan una protección al diente más prolongada en el tiempo, tanto en niños como en mayores. También es recomendable evitar las pastas blanqueadoras o tratamientos de blanqueamiento dental en toda la población que presente este tipo de sintomatología.

A nivel general se puede recomendar beber agua de forma intermitente, masticar chicles sin azúcar, beber leche, evitar comer alimentos con alto contenido en sacarosa o azúcares de rápida absorción, lavarse los dientes justo después de comer (antes de 20 minutos)…

Por último, cabe destacar otra patología muy importante que afecta a los NIÑOS en edad de crecimiento: la respiración bucal puede afectar al desarrollo craneofacial de los niños, ya que la respiración bucal obliga a la lengua a tener una posición más baja e interfiere en el sellado labial. Esto puede alterar todo el equilibrio muscular y afectar al desarrollo transversal de las estructuras dentofaciales del niño.

Se puede observar:

  • Posición baja de la lengua con mordida abierta anterior
  • Incompetencia labial con labio superior hipotónico y labio inferior hipertónico
  • Interposición labial del labio detrás de los incisivos
  • Paladares estrechos u ojivales 
  • Malposición dental, mordidas cruzadas
  • Problemas de deglución o deglución atípica
  • Problemas de respiración y oxigenación de la sangre con afectación del rendimiento escolar
  • Ronquidos

Todo este listado de patologías se relaciona con el típico cuadro clínico de FACIES ADENOIDEA.

Quisiera recalcar que la respiración bucal es un factor más para el desarrollo de este cuadro, y que no hace falta que se den todas estas características, pero sí es necesario estar alerta para hacer detección temprana y llevar al niño a la clínica dental para una valoración con el ORTODONCISTA y LOGOPEDA, ya que en estos casos es muy importante la reeducación funcional y postural. Además, puede ser necesaria la interconsulta con otras disciplinas como el Otorrino, etc.

Para terminar, sólo insistir que detrás de una mascarilla no vemos qué problemas periorales o hábitos se están generando, y puede actuar como un factor que oculta o retrasa la detección temprana y el tratamiento de las entidades ya descritas.